Monday, 11 May 2015

casa

A eso es a lo que voy: no hay derecho a la queja, o bien, son palabras mudas.

Insiste en que se diga lo que no gusta, lo que disgusta, para entonces proponer una solución. Pues es igual que los políticos: dicen que escucharán, pero al final somos todos invisibles.

La educación recibida dicta la tolerancia, la empatía, la prudencia, ... el respeto. Hay días en los que estos valores parecen un idealismo ficticio.

No existe el espacio (ni tiempo) personal, la privacidad, los secretos. Todos son inaceptables, imprescindibles (o al menos bajo este techo). Habito un espacio que no me pertenece; el espacio termina por habitarme a mí.

La educación recibida dicta los lazos, el cariño, la jerarquía, ... el compromiso. Dispositivos de control son estos valores, hurtan la libertad, encadenan a creer que sientes cuando no.


Control. Me imagino un montón de marionetas manejadas con hilos, con voluntad sin acción, con deseo inmaterializable. Resignación.


A eso es a lo que voy: aquí sólo soy un maniquí.



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